PAP

Potenciación Post-Activación: Mecanismos Subyacentes, Aplicaciones y Limitaciones.

El ejercicio puede considerarse como un tipo de estresor que, como cualquier otro, es capaz de ejercer una respuesta biológica (o respuesta al estrés). Una característica común de todos los estresores es que hay una fase aguda, durante la que se producen ajustes homeostáticos; una fase más crónica, durante la cual el estresor puede ser acomodado por las adaptaciones; y, por último, una fase de agotamiento, durante la cual se producen desdaptaciones.

Los científicos que estudian el deporte, han estado obsesionados históricamente con la respuesta crónica a la perturbación homeostática mediada por el ejercicio (también conocido como adaptación) como la hipertrofia. Sin embargo, la contracción muscular es capaz de provocar una gran variedad de respuestas homeostáticas agudas, como la alteración del flujo sanguíneo a los músculos activos; el aumento del ritmo cardíaco; el aumento del ritmo respiratorio; el aumento del consumo de oxígeno; el aumento de la tasa de sudoración; el aumento de la temperatura corporal; la secreción de hormonas del estrés como la hormona adrenocorticotrópica (ACTH), el cortisol y las catecolaminas; el aumento del flujo glicolítico; y la alteración del reclutamiento de los músculos. Estos cambios son transitorios y vuelven a los niveles de referencia después del ejercicio1.

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